Explore "Oriente" by Vicente Blasco Ibáñez on Textopian. Read with annotations and highlights.
El sol de las primeras horas de la tarde, filtrándose al través del follaje del Parque de Vichy, extiende un manto temblón de harapos de sombra y retazos de luz sobre la muchedumbre sentada en sillas de hierro, en torno del kiosco de la música. La orquesta, acompañada de lejos por las bocinas de los automóviles que pasan veloces, por el vocerío de los vendedores de periódicos que pregonan las últimas hojas llegadas de París, y por los gritos de los cocheros que invitan á pintorescas excursiones por las riberas del Allier, puebla el espacio con los lamentos de las ondinas del Rhin, llorando el mágico tesoro arrebatado por el maligno Nibelungo, con el melancólico adiós de Lohengrin al alejarse de Elsa, ó con la romántica "Canción de la Estrella" que entona Wolfram, el grave trovador, contemplando el astro del atardecer.
Vichy es la ciudad de la música. Los viajeros que ocupan los hoteles inmediatos al Parque, despiertan, apenas comenzada la mañana, arrullados por el primer concierto del día. El "Sigur", de Reyer, lanza sus bélicos apóstrofes, ó la "Thais", de Massenet, se entrega á su mística meditación, arrepintiéndose de sus desórdenes de cortesana, mientras el viajero se viste y se lava y va á beber el primer vaso del día en la fuente de la "Grand Grille". Luego, á las once, empieza otro concierto en el café de la Restauración, con aditamento de cantantes, y á éste sigue el grande de la tarde, en pleno Parque, que dura hasta las cinco, sin que entre las piezas existan otros intermedios que brevísimos instantes de descanso, como si la orquesta se avergonzase de su inacción y Vichy no pudiese vivir sin una melodía interminable vibrando en su ambiente. Y á las siete, después de la comida, empiezan á la vez, para durar hasta media noche, tres grandes conciertos en los tres casinos importantes, á más de una representación de ópera en el Gran Teatro y los innumerables concertistas que "actúan" en los cafés y "music-halls".