Explore "Cartas a un amigo" by Esteban Echeverría on Textopian. Read with annotations and highlights.
He resuelto bajar a la Capital, donde me llama un litigio de intereses que dejó pendiente mi madre; mi salud está muy quebrantada y pienso antes pasar algunos días en una estancia poco distante de. De allí te escribiré cuantas veces haya proporción. Vengo de regar con mis lágrimas, quizá por la última vez, la tumba de mi madre: mil dolorosas memorias vinieron a asaltarme en aquel religioso deber; allí se me presentaron como fantasmas colosales los deslices de mi juventud y me increparon con voces penetrantes mis errores. En vano tú tratas de disuadirme: yo abrevié los días de mi desventurada madre; mis desaciertos le ocasionaron aquella melancolía profunda que la consumió; yo robé al mundo aquella vida tan preciosa empleada toda en socorrer al desvalido y en aliviar la humanidad doliente.
¡Y aún vivo, y aún la tierra me sustenta!. ¿Por qué no se abre bajo mi planta y me sepulta de una vez en sus entrañas? Así al menos los ayes de mi dolor no importunarían al mundo; el eco sordo de la conciencia y el murmullo de la detracción no herirían más mis oídos; ni esos hombres intolerantes y débiles que no consideran la edad, la inexperiencia, los lazos que la sociedad corrompida tiende a la indiscreta juventud, me fastidiarían con sus insípidas reflexiones, ni con el amargo cuadro de mis desaciertos. ¿Y somos por acaso árbitros de nuestras acciones, cuando las pasiones hierven en el corazón; cuando luchamos débiles contra las tentaciones que nos rodean para relevarnos en la opinión de los demás; para hacer ver que somos fuertes y cautivar la admiración y los aplausos? ¿No son la presunción y el orgullo las primeras lecciones que nos da la sociedad, y por consiguiente los primeros móviles del corazón humano?