Explore "Cartas a un amigo" by Esteban Echeverría on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tú sabes cómo yo me recreaba con la vista de alguna escena imponente de la naturaleza; cómo gustaba entregarme al curso de mis pensamientos en medio de las llanuras desiertas de nuestros campos o en el abrigo de esos montes donde apenas penetra la luz; cómo mi imaginación se eleva en la soledad a las mas altas contemplaciones ansiando penetrar los arcanos del universo. Tú me has visto más de una vez desaparecer súbitamente de las placenteras reuniones, abandonar mis lecturas favoritas, para ir a esparcir mi ánimo en el retiro silencioso y entregarme libre a la meditación. ¡Qué instantes tan felices aquéllos! Entonces mi corazón estaba tranquilo; ningún contratiempo había venido aún a turbar la armonía de mis facultades, y exento de cuidados podía divagar a mi antojo por las regiones fantásticas de mi imaginación.
Ahora obligado a arrastrar la pesada cadena del infortunio, me muevo lentamente; estoy atado a la argolla de los pesares, punzado a cada paso por el aguijón del dolor, devorado interiormente por una actividad que me consume; y sin poder desatarme de las prisiones que me abaten, siento un gran vacío en mi corazón que nada creo es capaz de llenar. ¿Dónde está la que me dio el ser; la amiga de mi juventud; la mujer venerable cuyo influjo divino relevaba mi espíritu abatido descubriéndole un mundo nuevo de ideas y pensamientos sublimes? Ninguna de mis facultades quedaba inactiva en su presencia y siguiendo mi inteligencia progresivamente sus inspiraciones, se elevaba sin sentirlo hasta la excelsitud de mi razón abrazando en su vuelo sublime la inmensidad de la creación. Ella penetraba todos mis sentimientos porque mi alma y la suya eran como dos hermanas.