Explore "Cartas a un amigo" by Esteban Echeverría on Textopian. Read with annotations and highlights.
Todo entregado a la meditación paso momentos deliciosos en estas soledades. Mi imaginación se anima y sale del letargo sombrío y ominoso que la abruma, al contemplar los encantos del espectáculo maravilloso que la rodea. De todo me olvido, de mi dolor, de mi aislamiento, del mundo y aun a veces de mí mismo. Al romper el día hago ensillar mi bruto fogoso, monto y salgo con algunos peones a recorrer el campo y los rodeos de ganado; luego me separo de ellos y voy a visitar algunos ranchos vecinos y en todos encuentro la satisfacción y el regocijo que huyen de mí. Huyo yo también de estas moradas de felicidad y perseguido por mis lúgubres ideas, suelto la rienda a mi caballo, para aturdir mi mente y me alejo más y más hasta perderme en medio del desierto. Persigo al sagaz avestruz, corro en pos del ligero venado y luego bajo fatigado a reposar en el verde prado. ¡Qué gusto! verse transportado de aquí allí como por las alas del viento; volar de un sitio a otro y esparcir su vista a la vez por horizontes diversos y luego venir a reposarse alrededor de una multitud de insectos que hormiguean y chillan, de una multitud de aves que vuela o reposa también, y de enjambres de cuadrúpedos que rumian tranquilamente la yerba! ¡Observar el orden y la armonía de la naturaleza y elevarse hasta la meditación de sus leyes inmortales, y descubrir allá, en el corazón del universo, la mano omnipotente que lo rige! ¡Qué vuelo tan sublime toma entonces la fantasía, cómo se llena de gozo a medida que penetra y mira faz a faz los maravillosos arcanos de la creación! Su elemento es infinito, el cielo, los espacios imaginarios, el universo todo, lo abarca y lo sujeta a su atracción. ¿ Quién no queda absorto al contemplar en la callada noche el disco melancólico y plateado de la luna, acompañado de esa multitud de faros rutilantes que pueblan el firmamento? ¿Quién, al respirar el aroma vivificante de las flores en medio de esta soledad y de este silencio que no interrumpen sino el balido de la oveja, el relincho del caballo y el chillido de los insectos, queda frío espectador y no siente en su corazón emociones peregrinas? Y luego ¡tanta luciérnaga ambulante, el murmullo del arroyo y esos fuegos fatuos que se levantan, se acercan, se alejan y desaparecen dando pábulo a la fantasía y aterrorizando al vulgo! Son las doce de la noche y es la hora que yo voy como Ossian a interrogar mis recuerdos al resplandor de la luna, a escuchar las melodías aéreas y a hablar con mi corazón.