Explore "Cartas a un amigo" by Esteban Echeverría on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mi corazón es un torrente inflamado que en vano quiero comprimir, él hierve, se agita, rebosa y rompe con el ímpetu ciego de un torbellino; mi fantasía le presta sus alas y ambos me transportan fuera de mí con vuelo impetuoso y sublime. ¿Qué es, amigo, la razón cuando las pasiones son tan activas y fogosas? Si una idea se despierta en mi mente, mi imaginación se ampara de ella. La vuelve y la revuelve dándole mil formas y revistiéndola de apariencias monstruosas inefables y luego se pierde con estas imágenes fantásticas en las regiones del infinito. Si un sentimiento se despierta en mi corazón, corro en pos de él con la velocidad del rayo, lo abrazo, lo comprimo en mi seno y lo reduzco al fin en mis insensatos trasportes a cenizas y a nada, como aquel meteoro inflamado los objetos que toca. Todos mis sentimientos e ilusiones son como relámpagos fugaces que ofuscan un instante con su vivo resplandor y desaparecen dejando sumergido al infeliz peregrino en lúgubre y espantable noche: así la felicidad huye de mí velozmente porque todo me sacia y empalaga o más bien porque nada es capaz de llenar este vacío inmenso de mi corazón.
Estoy asombrado de mí mismo: quisiera ver por momentos aletargadas todas mis facultades o estar sumergido en un profundo sueño. Mi cerebro es un caos donde se agita un mundo de elementos heterogéneos. Mis pasiones son infinitas y las cosas de la tierra de un día, de una hora, de un instante, son humo ante el viento embravecido, o átomos en la inmensidad. Mi primer cuidado al llegar aquí fue el de obtener noticias ciertas sobre el hermano y el novio de María: un amigo empleado en la secretaría de guerra me prometió dármelas pronto, y aun hacer empeño para que se diese de baja a estos dos jóvenes, único apoyo de una familia indigente y desgraciada.