Explore "Lillian Hellman: el don de la amistad" by Rosario Castellanos on Textopian. Read with annotations and highlights.
«DESDE LUEGO, nada comienza en el momento en que usted supone que ha comenzado». Así la vida, según Lillian Hellman -autora de esta observación y de varias obras teatrales de éxito mundial y gran prestigio crítico como The Little Foxes, The Children's Hour, Watch on the Rhine, The Autumn Garden y ahora de una especie de autobiografía que obtuvo el premio de la National Book correspondiente a 1969 y que lleva por título An Unfinished Woman-, la vida, decíamos, no principia por el nacimiento propio. Quizá veinte años antes, como quería Napoleón, con el nacimiento de los padres. Pero eso resultaría demasiado sencillo, demasiado al alcance de una explicación cualquiera y de tantas interpretaciones y versiones y mentiras que el examen de sus antecedentes no serviría para iluminar nuestro presente sino al contrario para volverlo más ambiguo, más elusivo, más irreal. Y en cuanto a antepasados remotos, ¿quién los recuerda? ¿Quién sabe de ellos más que lo que nos dice el retrato en el álbum, la firma en la Biblia familiar, el trozo de papel en el que se ha escrito una receta de cocina, inutilizable ya porque han cambiado las medidas y las proporciones y los términos de comparación?
Por eso Lillian Hellman no presta demasiada atención al ambiente doméstico en el que transcurre su primera infancia y los principios de su adolescencia. Habla de la rama materna con escasa simpatía. Ese desordenado amor por el orden, ese espíritu burgués tan insatisfecho de sí mismo, esa confianza inmoderada en la solidez de los bienes de este mundo, esa falta de sentido crítico para los valores que se aceptaban como dogmas y se practicaban como hábitos no encuentran suficiente contrapeso en el refinamiento de los modales, en la belleza física, en la condescendencia a las ideas de los intelectuales y la misericordia a la pobreza de los indigentes.