Espatolino by Gertrudis Gómez de Avellaneda

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No se había engañado el coronel al graduar la importancia que daría el Gobierno a la captura de Espatolino. Aquel malvado que tantas veces se había burlado de todos sus esfuerzos; aquél que aparentaba desafiar el poder de la nación dominadora de Europa; aquél cuya vida era una mengua para los nuevos señores de Italia, iba a caer por fin en sus manos. ¿Qué precio sería excesivo para tan importante adquisición?

El coronel Dainville, sujeto de reputación y prestigio, salía por garante de la honradez y veracidad de Giuseppe, de cuya virtud se tenían de antemano ventajosos antecedentes. Excusábanse además las extrañas condiciones que imponía, en atención a su avanzada edad y al trastorno que pudieran haber ocasionado en su espíritu sus actuales pesares. Todo se le perdonó, pues, y los procedimientos fueron tan activos que a las nueve de la noche se habían sabido sus proposiciones, y a las diez ya estaba firmado el indulto del reo, expresando que se le concedía en consideración al eminente servicio que su padre prestaba al país facilitando el exterminio de la feroz cuadrilla que lo desolaba. El mismo Dainville se halló presente cuando se leyó al reo su indulto, después de algunas prudentes precauciones que no impidieron, sin embargo, que se trastornase momentáneamente su razón con dicha tan inesperada.

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