Explore "Guatimozín: Último emperador de Méjico" by Gertrudis Gómez de Avellaneda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Nunca se ejerce impunemente la superioridad de genio. Nunca los hombres que dominan a sus iguales por la sola alteza de su pensamiento logran inspirar aquella ciega veneración que sin dificultad tributamos a la excelsitud del nacimiento. Esta rareza se explica muy bien. El uno es un derecho concedido por nosotros; el otro lo dispensa solamente el cielo. En aquel reconocemos nuestra fuerza; en este vemos probada nuestra debilidad. Obedecemos sin repugnancia al dueño que nos elegimos; pero jamás con gusto a aquel que nos manda por decreto más alto de la naturaleza.
Al levantarse los grandes hombres de todos los siglos, de todos los países, han sido siempre anunciados por el instinto repulsivo de las medianías, presienten estas, aun antes de probarla, aquella fuerza extraña que debe dominarlas a su pesar, y afánanse por sacudirla, así como el caballo, todavía indómito, bota, relincha y huye al aproximársele el hombre; porque la naturaleza, próvida y maternal con todas sus criaturas, le dio, para advertirle del peligro, un ojo de aumento que le presenta con colosales formas el ser inteligente cuya débil mano debe enfrenarle a su capricho.