Explore "Guatimozín: Último emperador de Méjico" by Gertrudis Gómez de Avellaneda on Textopian. Read with annotations and highlights.
En el trascurso de algunas semanas habían ido a reunirse a los héroes que sucumbieron en la noche triste, el príncipe de la lanza mortal y el prudente Quetlahuaca, dejando vacante el trono, que se disputaran tantas ambiciones, apagadas entonces por la muerte, para que subiese a ocuparlo el amable adolescente, destinado a lavarle con su sangre del baldón de las ajenas flaquezas, sepultándose con gloria en los míseros escombros. Tenoxtitlan había levantado la voz unánime de sus seiscientos mil habitantes, aclamando emperador al joven soberano de Tacuba, y aquel gritó encontró un eco fiel en todas las provincias a donde los veloces correos de la metrópoli hicieran llegar rápidamente la inesperada noticia de la muerte de Quetlahuaca.
Los electores no tuvieron que hacer más que confirmar el voto general del imperio, y apenas se celebraron las exequias fúnebres del difunto, solo se pensó en la coronación del nuevo emperador. General era el regocijo que causaba al pueblo la elección del joven héroe. La mayor parte de los poderosos príncipes del imperio acudían a la capital con séquito verdaderamente regio para asistir a la ceremonia que se disponía, y el movimiento extraordinario que en todas partes se notaba, era indicio del general entusiasmo con que se esperaba.