Read "La abadía de northanger" by Jane Austen online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
A pesar de hallarse muy ocupada aquella noche en el teatro en corresponder debidamente los saludos y sonrisas de Mrs. Thorpe, Catherine no se olvidó de recorrer con la vista una y otra vez la sala, en espera de descubrir a Mr. Tilney. Fue en vano. Mr. Tilney tenía, al parecer, tan poca afición al teatro como al balneario. Más afortunada creyó ser al día siguiente al comprobar que era una mañana espléndida, pues cuando hacía buen tiempo los hogares quedaban vacíos y todo el mundo se lanzaba a la calle para felicitarse mutuamente por la excelencia de la temperatura. Tan pronto como hubieron terminado los oficios eclesiásticos, los Thorpe y los Allen se reunieron, y después de permanecer en los salones del balneario el tiempo suficiente para enterarse de que tanta aglomeración de gente resultaba insoportable y de que no había entre todas aquellas personas una sola distinguida -detalle que, según todos observaron, se repetía cada domingo-, se marcharon al Crescent donde el ambiente era más refinado. Allí, Catherine e Isabella, cogidas del brazo, gozaron nuevamente de las delicias de la amistad. Hablaron mucho y con verdadero placer; pero Catherine vio una vez más defraudadas sus esperanzas de encontrarse con su pareja. En los días que siguieron lo buscó sin éxito en las tertulias matutinas y las vespertinas, en las salas de baile y de concierto, en los bailes de confianza y en los de etiqueta, entre la gente que iba andando, a caballo o en coche.
Ni siquiera aparecía inscrito su nombre en los libros de registro del balneario, la ansiedad de la muchacha aumentaba por momentos. Indudablemente, Mr. Tilney debía de haberse marchado de Bath; sin embargo, la noche del baile nada dijo a Catherine que hiciera suponer a ésta que su marcha estaba próxima.