Read "La abadía de northanger" by Jane Austen online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Catherine tenía tantas esperanzas depositadas en su visita a los Tilney, que tuvo una desilusión no sólo lógica, sino inevitable. A pesar de que el general la recibió muy cortésmente, de que Eleanor se mostró sumamente atenta con ella, de que Henry estuvo en casa todo él tiempo que ella permaneció en ésta y en el transcurso de aquellas horas no se presentó ningún extraño, la muchacha no pudo por menos de reconocer, al volver a Pulteney Street, que no había disfrutado todo lo que esperaba. Su amistad con Miss Tilney, lejos de acrecentarse, parecía haberse enfriado. En cuanto a la conversación de Henry, éste se mostró menos amable que otras veces. Hasta tal punto esto fue así, que no obstante la afabilidad del general y sus frases galantes la muchacha celebró marcharse de la casa. Lo ocurrido era, en verdad, muy extraño. Al general Tilney, hombre encantador por su trato y digno padre de Henry, no cabía atribuir la evidente tristeza de los hermanos y la falta desanimación de Catherine. Quiso atribuir la muchacha lo primero a la casualidad, y lo segundo a su propia estupidez, pero conocedora Isabella de todos los detalles de aquella visita, interpretó lo sucedido de manera muy distinta.
-Es orgullo -dijo. Nada más que orgullo y soberbia. Ya me parecía a mí que esa familia se daba muchos aires, y ahora no me cabe la menor duda. Jamás he visto comportamiento más insolente que el de Miss Tilney para contigo. ¿A quién se le ocurre dejar de hacer los honores debidos a un invitado? ¿Dónde se ha visto tratar a este con superioridad y no dirigirle apenas la palabra?