Read "Sentido y sensibilidad" by Jane Austen online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
El protector de Marianne, según los términos en que con más elegancia que precisión ensalzara Margaret a Willoughby, llegó a la casa muy temprano la mañana siguiente para preguntar personalmente por ella. Fue recibido por la señora Dashwood con algo más que cortesía: con una amabilidad que las palabras de sir John y su propia gratitud inspiraban; y todo lo que tuvo lugar durante la visita llevó a darle al joven plena seguridad sobre el buen sentido, elegancia, trato afectuoso y comodidad hogareña de la familia con la cual se había relacionado por un accidente. Para convencerse de los encantos personales de que todas hacían gala, no había necesitado una segunda entrevista.
La señorita Dashwood era de tez delicada, rasgos regulares y una figura notablemente bonita. Marianne era más hermosa aún. Su silueta, aunque no tan, correcta como la de su hermana, al tener la ventaja de la altura era más llamativa; y su rostro era tan encantador, que cuando en los tradicionales panegíricos se la llamaba una niña hermosa, se faltaba menos a la verdad de lo que suele ocurrir. Su cutis era muy moreno, pero su transparencia le daba un extraordinario brillo; todas sus facciones eran correctas; su sonrisa, dulce y atractiva; y en sus ojos, que eran muy oscuros, había una vida, un espíritu, un afán que difícilmente podían ser contemplados sin placer. Al comienzo contuvo ante Willoughby la expresividad de su mirada, por la turbación que le producía el recuerdo de su ayuda. Pero cuando esto pasó; cuando recuperó el control de su espíritu; cuando vio que a su perfecta educación de caballero él unía la franqueza y vivacidad; y, sobre todo, cuando le escuchó afirmar que era apasionadamente aficionado a la música y al baile, le dio tal mirada de aprobación que con ella aseguró que gran parte de sus palabras estuvieran dirigidas a ella- durante el resto de su estadía.