Explore "Ensayo sobre el origen de las lenguas" by Jean-Jacques Rousseau on Textopian. Read with annotations and highlights.
En los primeros tiempos, los hombres desperdigados sobre la faz de la Tierra no tenían otra sociedad que la de la familia, otras leyes que las de la naturaleza, otra lengua que la del gesto y algunos sonidos inarticulados. No se encontraban vinculados por ninguna idea de fraternidad común; y, como carecían de otro árbitro que la fuerza, se creían enemigos entre sí. Su debilidad e ignorancia les daban esta opinión. No conocían nada, lo temían todo; atacaban para defenderse. Un hombre abandonado solo sobre la Tierra, a merced del género humano, ha de ser un animal feroz. Estaba listo a hacerles a los otros el mal que temía de ellos. El temor y la debilidad son las fuentes de la crueldad.
Las afecciones sociales solamente se desarrollan en nosotros con nuestras luces. Aunque natural para el corazón humano, la piedad permanecería eternamente inactiva sin la imaginación que la pone en juego. ¿Cómo nos dejamos conmover por la piedad? Transportándonos fuera de nosotros mismos; identificándonos con el ser que sufre. Sólo sufrimos al juzgar que él sufre; no es en nosotros, es en él en quien sufrimos. Que se piense cuántos conocimientos adquiridos supone esa conducta. ¿Cómo podría yo imaginar males de los que no tengo idea alguna? ¿Cómo sufriría viendo sufrir a otro, si ni siquiera sé que sufre, si ignoro lo que hay de común entre él y yo? Él nunca ha reflexionado: no puede ser clemente ni justo ni piadoso; tampoco puede ser malo ni vengativo. El que no imagina nada, sólo se siente a sí mismo; se encuentra solo en medio del género humano.