Tirante el blanco by Joanot Martorell — Read

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Al día siguiente, cuando el ermitaño bajó de su celda, Tirante y los demás le salieron al encuentro. Se sentaron sobre el verde y florido prado y el ermitaño les preguntó cómo se había instituido aquella nueva fraternidad que el rey había creado. Los caballeros dieron la palabra a Tirante, pero éste rogó a Diafebus que lo relatara él. Tirante se levantó y se dirigió a organizar las cosas que necesitaría el padre ermitaño. Entonces el virtuoso Diafebus se quitó el bonete de la cabeza y comenzó a hablar:

-Aunque ya se había cumplido el año y un día de las fiestas, el señor rey rogó a todos los estamentos que esperasen todavía algunos días, ya que su majestad quería publicar una fraternidad, nuevamente instituida, compuesta por veinticinco caballeros. El comienzo de esta hermandad, señor, según oímos todos los caballeros aquí presentes de boca del mismo rey, fue el siguiente: estando el rey cansado, un día en que se hacían muchas danzas, fue a reposar al fondo de la sala y la reina continuó con sus doncellas en el otro lado, mientras los caballeros bailaban con las damas. Madresilva, una de las doncellas, bailando, se acercó a la parte donde estaba el rey y, cuando giró, le cayó una liga de la media. No creáis señor que se trata de una doncella especialmente agraciada, sino que es una dama poco desenvuelta en la danza y, aunque canta bien, se pueden encontrar trescientas más agraciadas y más bellas que ella; pero, como sabéis, los deseos y apetitos de los hombres están muy repartidos. Entonces, uno de los caballeros que estaba cerca del rey le dijo:

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