Tirante el blanco by Joanot Martorell — Read

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En poco tiempo llegaron al puerto de Palermo, donde se encontraban el rey de Sicilia, la reina, dos hijos y una hija de inestimable belleza, que se llamaba Ricomana, que era una doncella muy instruida y llena de virtudes. Como los de la nave estaban necesitados de víveres, hicieron bajar a tierra al escribano acompañado con cinco o seis hombres, pero con el mandato de que no dijesen nada de Felipe ni de Tirante, sino que les hiciesen saber que se trataba de una nave que había partido de poniente y se dirigía a Alejandría con algunos peregrinos que iban al santo sepulcro.

Cuando el rey supo que venían de poniente, mandó llamar al escribano y a los que venían con él para saber nuevas de aquella tierra. Ellos le narraron los grandes combates que habían tenido en el estrecho de Gibraltar con los moros y con los genoveses y, habiendo olvidado el mandato que les había hecho Tirante, dijeron que allí venía Felipe, hijo del rey de Francia, en compañía de Tirante el Blanco. El rey, cuando supo que Felipe se hallaba en aquella nave, mandó hacer un gran puente de madera desde tierra hasta la nave, todo cubierto de raso. Además, para hacerle honor, entró con sus hijos en la nave y rogó a Felipe y a Tirante que saliesen a tierra y que descansasen allí unos días. Felipe y Tirante le dieron las gracias y dijeron que, para complacerlo, irían. Entonces el rey los sacó de la nave, los aposentó muy bien y les hizo servir muy buenas viandas y otras cosas necesarias para hombres que salen del mar. Pero, por consejo de Tirante, Felipe dijo al rey que no se alojaría hasta que no hubiese visto a la reina, cosa que alegró mucho al rey. Cuando llegaron a palacio, la reina y su hija la infanta los recibieron muy afablemente. Al volver a la posada la encontraron tal como merecía un hijo de rey.

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