Tirante el blanco by Joanot Martorell — Read

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Cuando vieron los genoveses venir a aquella nave, pensaron que era una de las dos que habían enviado para traer víveres al campo. Como observaron que venía de levante, no podían pensar que ninguna otra nave tuviese el atrevimiento de llegar en medio de tantos bajeles como había en el puerto de Rodas. La nave se acercó a toda vela y por esto, y por la estructura general de la embarcación, los genoveses reconocieron que no era una de las suyas y se prepararon para atacarla. Pero la nave se hallaba ya tan cerca, que las de los genoveses no tuvieron tiempo de enarbolar las velas, de forma que la nave de Tirante, a velas llenas, pasó por en medio de todas las otras. A pesar de eso, recibieron muchas lanzas y pasadores, y también muchos golpes de bombardas y de otros ingenios de guerra. Tirante mandó al timonel que no girase la nave, sino que dirigiese la proa hacia un arenal que había al lado de la muralla. Y, a toda vela, embarrancaron en la playa.

Cuando los de la ciudad vieron la nave, pensaron que era de los genoveses, que, por fin habían decidido tomarla. Todos se acercaron a aquella parte de la población y les combatieron muy bravamente, mientras que los de la nave rebatieron con gran angustia el ataque, hasta que un marinero tomó una bandera de Tirante y la levantó. Al verla, los de la población detuvieron la lucha. Entonces, Tirante hizo saltar a un hombre que se aproximó y les comunicó que aquélla era una nave de socorro. Al saber los de tierra que el capitán era francés y que llevaba la nave cargada de trigo, fueron a decírselo al maestre, el cual, arrodillado en el suelo, dio gracias a la divina providencia porque no los había olvidado. El maestre bajó del castillo junto con los caballeros, mientras que los hombres de la ciudad, con talegos, entraban en la nave para sacar trigo y almacenarlo.

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