Explore "Tirante el blanco" by Joanot Martorell on Textopian. Read with annotations and highlights.
Ya fuera de la ciudad, los caballeros dieron sus caballos a los pajes y cabalgaron con otros rocines. Cuando, en poco tiempo, se unieron a las otras gentes de armas, Tirante iba de escuadra en escuadra, visitando a la gente y amonestándolos para que fuesen en completo orden.
Aquel día recorrieron cinco leguas; llegada la noche, plantaron las tiendas en un bello prado abundante en aguas. Tirante fue de tienda en tienda avisando a los duques, condes y marqueses para que fuesen a cenar con él. Todos fueron tan bien servidos como si se hallasen dentro de la ciudad de Constantinopla, ya que llevaban los tres mejores cocineros que encontraron en Francia. Después de cenar, Tirante se encargó de organizar las guardias y de prepararlo todo. También mandó a sus hombres que estuviesen siempre armados como si fuesen a entrar en batalla. Tirante tenía la costumbre, cuando estaba en guerra, de no desvestirse nunca, excepto para cambiarse la camisa. Cada mañana, dos horas antes de amanecer, hacía sonar las trompetas para ensillar los caballos y oír misa. A continuación, se acababa de armar e iba por los campos haciendo que todo el mundo se pusiese el arnés, de manera que cuando llegaba el alba, se encontraban a punto de partir. Y esta práctica la mantuvieron hasta que estuvieron a legua y media de los enemigos, en la ciudad que se llamaba Pelidas, que se hallaba cerca de la población donde las tropas del duque de Macedonia estaban sitiadas por los turcos.