Tirante el blanco by Joanot Martorell — Read

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Durante aquellos días, el sultán envió a sus embajadores al campo de batalla a hacer tratos con Tirante pero, cuando llegaron, no lo encontraron. Este hecho les dolió mucho y, mediante un correo, avisaron al emperador. Éste les mandó decir que viniesen donde él se hallaba porque, como es sabido, un príncipe no puede denegar la visita a ninguna embajada. Al llegar los embajadores a la ciudad de Constantinopla, Tirante ya estaba en buena disposición y cada día iba a palacio para hablar de su partida. Por esta razón, el emperador, al saber que venían los embajadores, no permitió que Tirante partiese. El día en que llegaron, el emperador hizo salir a los personajes más importantes de su corte a recibirlos y el capitán mismo fue hasta el portal de la ciudad. Cuando Abdalá Salomón vio a Tirante, bajó del caballo y se arrodilló, le hizo un gran honor y le dio infinitas gracias porque lo había liberado cuando cayó preso cerca del río de Transimeno. El capitán le hizo subir a caballo y ambos fueron en presencia del emperador, quien le hizo un gran honor porque con él venía como embajador el rey de Armenia, que era hermano del Gran Caramán.

Entonces hicieron hablar a Abdalá Salomón y éste dijo:

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