Explore "Tirante el blanco" by Joanot Martorell on Textopian. Read with annotations and highlights.
Terminadas las fiestas, partieron los embajadores y el emperador reunía muchas veces al consejo para deliberar sobre la guerra. Tirante, durante aquellos días, muy a menudo solicitaba los amores de la princesa, ya que veía que finalizaba el tiempo de las treguas. El emperador deseaba que su capitán fuese pronto al campo para poner en orden a su gente y Tirante, por su parte, hacía ver que cada día reclutaba la gente que tenía que ir con ellos y les ordenaba que preparasen todo lo que podrían necesitar. A pesar de eso, Tirante no dejaba de suplicar a la princesa que le concediese la gracia de otorgarle lo que tanto deseaba. Un día le dijo:
-Ya que la esperanza de mi propio deleite se tiene por perdida al conocer la grandeza de vuestra culpa, quiero recitaros mis ya pasados males, pero no los que están por venir, para que la tierra, el mar, las arenas y todo tipo de gentes puedan enojarse cuando vean mi afligido cuerpo, aunque la esperanza que tenía en el futuro placer me hacía olvidar la grandeza que el amor tiene en sí mismo. Por esto la pena que la majestad vuestra me podía dar por hacerme esperar tanto, me parecía poca cosa en comparación con la gloria que yo esperaba conseguir. Y si la celsitud vuestra admitiese mi petición, vuestra alteza sabría qué grande es mi firmeza, porque uno mismo será el fin de mi vida y de mi muerte. Por eso no dejaré de pronunciar mi petición delante de Estefanía, ni de estas gentiles damas, que considero mis hermanas. Pero, si no tenéis piedad de vos, ¿cómo podréis tenerla de mí? Y si no perdéis vuestra belleza, ¿quién encontrará en vos misericordia? Si de dos males hay que elegir el menor, ¿cuál será el otro, pues elijo la muerte por ser el menor? Ahora querría que me dijeseis qué elegirá vuestra celsitud.