Explore "Tirante el blanco" by Joanot Martorell on Textopian. Read with annotations and highlights.
La galera de Tirante hizo la vía de Berbería, pero como los marineros no sabían en qué mar se encontraban, se arrodillaron para cantar la Salve regina, se confesaron los unos con los otros y se pidieron perdón. Placerdemivida se hallaba en un cama más muerta que viva y Tirante la consolaba lo mejor que sabía. Entonces el capitán, doliéndose de sus males, devotamente hizo la lamentación siguiente:
-¡Oh, Señor, Dios omnipotente y misericordioso! ¿Cómo ha permitido tu bondad que yo tenga que morir en el cruel mar y haya de combatir con los peces? ¿No he muerto en las batallas contra los turcos, y ahora tendré que morir sin oponer ninguna resistencia? ¿Por qué no me hicisteis morir en la batalla contra el señor de las Vilesermes? Loada sea tu majestad que ha permitido que por mis grandes pecados tenga que recibir el castigo que merecen mis males. ¡Oh, triste, no me duele mi muerte, sino que por mis faltas tenga que ser castigada esta doncella! ¡Oh, Tirante, bien triste e infortunado para ti es este día! ¡Oh, señora princesa, que sois el fénix del mundo, si a Dios fuese placentero, querría que os encontraseis presente para que pudieseis ver los últimos días de mi triste vida y para poderos pedir perdón por todas las ofensas que os he hecho! ¡Oh, Viuda ficticia y réproba, me gustaría que la divina providencia me diese el tiempo suficiente para poder premiar las nefandísimas maldades que has cometido y que serán la causa de la destrucción de la corona del imperio griego! ¡Oh, señor emperador, cómo os afligiría verme morir en tan gran desventura! ¡Oh, caballeros de mi parentela y amigos! ¿Quién os ayudará a salir de la cárcel? ¡Oh, excelentísima princesa y esposa mía, suplico al Señor que os libere del poder de vuestros enemigos, que os aumente el honor y el estado y que os envíe otro Tirante con tanta voluntad de serviros!