Explore "Hacia una moral sin dogmas" by José Ingenieros on Textopian. Read with annotations and highlights.
Implicada la moral en los dogmas teológicos, toda / disconformidad religiosa es una disconformidad con el / dogmatismo moral. Recordemos, como la mejor prueba / de ello, que durante diez siglos, desde el edicto imperial / que proscribió de Roma a los filósofos hasta el grito / cismático proferido por Lutero, una sola teología y / una sola moral floreció en la cristiandad. La patrología / y la escolástica se mueven dentro de un dogmatismo / único; bastaría comparar a Clemente y Orígenes / con Tertuliano y Lactancio, a Agustín con Tomás, cuyos / discípulos disputan hasta nuestros días, para comprender / que si bien los dogmas evolucionaban, todos / pretendían explícitamente ser fieles a ellos, sin lo cual / hubiérase roto la unidad política de la iglesia romana. / He dicho unidad política y debo explicarme; la fuerza / de esa iglesia, desde que reyes y emperadores, por razones / políticas y no teológicas, resolvieron declararla / oficial en sus estados, no residió en sus doctrinas, sino / en el poder político adquirido por ella en el mundo / feudal europeo. No podríamos detenernos ahora a / examinar en qué medida la difusión del protestantismo / fué, a su vez, un movimiento político, nacionalista en / cada país, contra el poder internacional del estado / pontificio; ello se percibiría también analizando en los / estados católicos la lucha por constituir iglesias nacionales, / emancipadas de Roma, de que dió memorable / ejemplo el nunca apagado movimiento galicano. Y / veríamos, también, que en nuestros días la fuerza de / esa iglesia no está en sus doctrinas sino en la admirable / organización como partido internacional, actuante / en la política de cada país con unidad de miras temporales / y con sorprendente disciplina para la acción / práctica. Nunca, en la historia de la humanidad, ha / existido un partido internacional que pueda comparársele / en organización y eficacia.
Cortemos la digresión. Durante la edad media no / hay en la cristiandad un nombre de moralista independiente / que merezca citarse, con la excepción, acaso / única, de Eckhart, que a principios del siglo XIV puso / en circulación un misticismo panteísta, declarado herético / por la iglesia romana. Llega el Renacimiento y / se rompen los moldes de la teología escolástica; los / filósofos contemplan la naturaleza o el espíritu, independientemente / de los dogmas religiosos. Averroes / insinúa la doctrina de la religión natural y de la moral / natural, que más tarde reaparece en Spinoza. El neoaristotelismo / encuentra su hombre representativo en / Bacon y se continúa en toda la escuela de los moralistas / ingleses, que culmina en Hobbes, Locke, Shaftesbury, / y en los escoceses, Hutcheson, Hume, Smith; la / corriente neoplatónica se transmuta en el racionalismo, / con Descartes y Malebranche en Francia, al mismo / tiempo que aparecen con caracteres propios Leibnitz y / Wolff, en Alemania. Y así, luchando los filósofos independiente / contra la teología dogmática, el siglo XVIII / ve surgir el racionalismo inglés, el enciclopedismo / francés y la filosofía de las luces en Alemania. Cauteloso / el primero, revolucionario el segundo, abstracta / la tercera, predomina en todos el afán inquieto de / poner en la razón los fundamentos de la moral, que / hasta entonces residieran en el dogma. Sabéis que Kant / elaboró, en su Crítica de la Razón Práctica, el monumento / más grandioso concebido por hombre alguno hasta / su tiempo; estoy muy lejos de significar, con ésto, / que en nuestros días puedan considerarse aceptables los / fundamentos racionales y apriorísticos de su sistema.