Los tres sorianitos by José Ortega Munilla

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Cuando se hubieron acostado en los lechos de la hospedería, durmiéronse Generoso y Basilio. Próspero quedó despierto. Ni se desnudó siquiera, aunque sentía grandísima fatiga, porque a bordo apenas durmió y las emociones del arriesgado viaje le mantuvieron en vigilancia.

Él sabia por las manifestaciones del Alcalde de Pareduelas-Albas, que su tío Roque Lanceote era riquísimo, pero había en las condiciones de la herencia algo perturbador. Hablábase de un codicilo secretísimo que estaba en poder del agente consular de Resistencia. ¿Qué diría ese documento?… Y el muchacho que no tenía noticia alguna del problema jurídico, temblaba, ante la expectativa de graves riesgos. Traía él en su cartera, ajustada sobre el pecho por un cinto de correa, todos los documentos probatorios del derecho de los Cerdera para esa herencia. Pero, ¿qué dificultades sobrevendrían?… Y, entonces, se le apareció de improviso en la mente el rostro caballuno de Presto Culcufura. ¿Quién era ese indio? ¿Cómo sabía él que los tres sorianitos venían de Pareduelas-Albas a aquel rincón de la República Argentina? Y la sospecha de amenazas, quebrantó la energía de Próspero.

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