Explore "Los tres sorianitos" by José Ortega Munilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuatro días después de los sucesos que quedan relatados, y apenas había comenzado el sol a lucir en el horizonte, Próspero escuchó pasos lejanos. Levantose del camastro de hierbas. Temió que acaso era esa su última hora, porque antes había recibido nuevas solicitaciones de los servidores de Presto Culcufura, para que dijese dónde estaban los depósitos del caudal de Roque Lanceote, y el muchacho había contestado con absolutas negativas, añadiendo que, prefería morir a una infidencia para lo que significaba al patrimonio de su familia.
Dispuesto estaba el hijo de Dióscoro al sacrificio. Cada mañana, apenas el sol le daba en el rostro despertándolo, juntaba sus manos, elevaba la mente y sus labios decían la oración matinal… «Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia… »