Rafaelillo Ozores by José Ortega Munilla — Read

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Había nacido en un pueblo de la serranía malagueña, en el lugar de Parchite, famoso por sus encinares y por lo escabroso del terreno. Su padre era, sencillamente, contrabandista. Con otros cuantos de su calaña, andaba por las cercanías de Gibraltar y por todos aquellos vericuetos. Y ya se acercaba, formando parte de la hueste facciosa, a las playas, esperando la nave que iba a traer paquetes de sedería y de tabaco, ya, arreando los fuertes mulos, subía por las asperezas hasta llegar a ciertos escondites, donde aquellos bultos eran despedazados y distribuídos a los mercaderes de los pueblos circundantes. En una de las aventuras de que hablo, los carabineros dieron el alto a los contrabandistas. Quisieron éstos defenderse. Hubo un regular tiroteo, y el padre de Rafaelillo cayó muerto. Desde entonces todo fue miseria en el casón en que el chiquillo vivía con su madre. La pena y las fatigas acabaron con ésta, y he aquí que a los doce años el hijo de los Ozores se halló en medio del camino, sin más fortuna que lo que Dios le deparase, con un pedazo de manta sobre los hombros y un apetito de perro en el estómago.

Pasaba por allí entonces una pareja de la Guardia civil. Preguntó al chico a dónde iba, y él contestó que donde Dios quisiera, porque no llevaba rumbo fijo; pero que su propósito era buscarse el modo de vivir; que era huérfano. Y cantó la palinodia sin que nadie se lo pidiera. Los guardias, que eran, como es costumbre en el benemérito Instituto, cristianos, generosos y caritativos, dieron de su almuerzo al niño; y éste devoró un chorizo y media libra de pan. El más viejo de los veteranos le aconsejó que fuese a Algeciras, que no distaba de allí muchas jornadas, y que se presentase al coronel del Regimiento de Isabel II, y se ofreciera, para engancharse como corneta.

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