Explore "El yegüerizo" by José Ortega Munilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
Allá, en una de las hondonadas de la sierra de Córdoba, a una legua del poblado de Ovejo, halléme hace años con una numerosa piara de yeguas, entre las que había algunos potritos recién nacidos. Sonaba el cencerro de una yegua blanca, vieja y experimentada, que era la madrina de las otras, la que las guiaba en los cambios de pastizales, y, en las noches crudas, al encerradero protector. En la soledad de la hermosísima campiña sólo había un hombre, mejor dicho, no era un hombre, era un niño. Era un niño de unos diez años de edad, de mediana talla, fornido. Vestía traje de estezado, una chaquetilla corta, unos calzones con hebillas en la parte baja, y un recio cinturón en el talle. Calzaba abarcas, cubría su cabeza con una monteruca de paño, y llevaba al hombro un largo cayado de enebro, que es la madera más dura que se cría por aquellas tierras.
Preguntéle: