Explore "Amalia" by José Mármol on Textopian. Read with annotations and highlights.
Daniel dejó su capa, su sobretodo y sus pistolas en una pequeña antesala, arregló un poco su cabello, y pasó a la sala donde el señor Martigny, al lado de la chimenea, leía algunos periódicos.
Los ojos del agente francés, joven aún y de una fisonomía distinguida, estudiaron por algunos segundos la inteligente y expresiva de Daniel, pálida y ojerosa entonces, y no pudo menos de revelar cierta sorpresa que no pasó inapercibida de Daniel: éste quiso entonces dar su primer golpe sobre el espíritu del señor Martigny, y al cambiarse con él un apretón de mano, le dijo en perfecto francés, sonriéndose, mostrando bajo sus labios gruesos y rosados sus hermosos y blanquísimos dientes: