Explore "La majestad caída" by Juan Antonio Mateos on Textopian. Read with annotations and highlights.
I
En una casucha, más bien una choza que parecía cabaña de pastores y que estaba en las orillas fronterizas del Bravo, se encontraba un hombre sentado en una silla de bejuco, con un brazo recargado sobre una pequeña mesa donde había un tintero de campaña y unos pliegos de papel y sobres de cartas. El hombre tenía un aspecto sombrío; sacó de su cinto una pistola y la puso como al descuido sobre la mesa. Sus párpados se fueron cerrando como presa de un sueño y comenzaron a desfilar por su cerebro un tropel de fantasmas, como esas olas del río que van empujando en la corriente hasta sepultarse en el océano. La noche iba cayendo y sus pesadas sombras apagaban lentamente los últimos tintes del crepúsculo. No aparecían las estrellas. El viento del monte soplaba con furia y las nubes iban rápidas en sus alas, como las viajeras del cielo. No se oía más que el rumor del agua que azotaba las márgenes del río. Las aves de las últimas parvadas se hundían en el manto de la noche.