El lazarillo de Manzanares

Explore "El lazarillo de Manzanares" by Juan Cortés de Tolosa on Textopian. Read with annotations and highlights.

Mi intento, como antes de ahora he dicho, nunca fue vivir de asiento en éste o en otro lugar alguno de los de España, antes dar conmigo en las Indias, donde hombres bajos vienen de ordinario ricos, aunque vayan sin oficio, porque, llevando consigo el poderse aplicar a mercaderes de cosas bajas, nunca se vienen sin dineros; y la razón de detenerme en algunos lugares era llevar caudal a Sevilla para ensayarme en ella. Y como la patria sea a todos amable -tanto que, sabiendo el desterrado que si quebranta el destierro le han de azotar por ello, se pone, a trueco de verse en ella, en contingencia de que lo que le amenaza le suceda-, me volví a Madrid a donde serví seis meses sin que mis contrarios supiesen estaba en él, que como es tan grande y hay tanta diversidad de gente, los que viven al barrio de Santo Domingo están con los del de la puerta de Toledo como los que habitan los dos Caramancheles, Alto y Bajo.

Hallé muy buena comodidad con un estranjero casado, cuyo oficio ya he dicho, pues era más valiente por su paciencia que el Cid por sus puños. Su mujer era una muy buena moza, de las que se tapan de puntería y dan una estocada en una bolsa que la pasan de parte a parte. Bizarra, y tan larga de talle que yo creí siempre que orinaba por encima del cartón. Y su madre era una muy mala vieja. Aquí comí más que en todas las casas juntas que estuve, porque lo enviaban muchos y porque lo callaba mi amo, de suerte que por él y por ello se debió de decir: «Quien calló venció y vido lo que quiso.»

Reading navigation