Explore "El lazarillo de Manzanares" by Juan Cortés de Tolosa on Textopian. Read with annotations and highlights.
-Yo, hijo Lázaro, nací en Barcelona, ciudad antigua y noble, ansí por sus muchos y soberbios edificios cuanto por los hijos, que tanto en letras y armas la han ilustrado. A ésta hermosea la bella playa de quien, aunque tan muchacho, tantas veces habrás oído hablar, en donde de ordinario se veen castillos de diversas colores, cuya marina es apacible sitio para las pocas tardes de invierno y agradable paseo para las de verano, donde cuando el sol se esconde, diversidad de coches muestran muchos por uno que por entonces se encubre. Allí, Lázaro, verás tantos Narcisos a caballo discretos y corteses con las damas, diestros y entendidos en las demás acciones. El gobierno que en esta insigne ciudad siempre haya habido se conocerá por la tranquilidad de que sus moradores han gozado, a que ha sido compañera una recta justicia, causa principal de la tranquilidad que he dicho.
De sus fiestas no hablaré con encarecimiento, pues ansí las humanas como divinas se han exaltado con decir que se celebraron en Barcelona, a donde en particular los días de Nuestra Señora, Corpus Christi y Jueves Santo devotamente se arden de noche las calles, de día los templos, y con tanto exceso que para que pueda entrar la gente sacan los blandones fuera. De sus fiestas te diré o no te diré nada, ¿nunca oíste decir las carnestolendas de Barcelona? Mas porque sepas dellas algo digo que desde Navidad empiezan. Allí los caballeros muestran que son tan hábiles para las burlas cuanto determinados para las veras. Salen los que te he dicho, y la demás gente ordinaria que dello gusta, de máscaras con diversidad de invenciones: cual saca tres o cuatro carros que parecen los del sol, con diferentes músicas y graciosas apariencias; cual a caballo vestido de moro con costosas y nunca vistas invenciones, tirano de las voluntades que le miran; cual vestido de viejo, reprimiendo los bríos de mozo, acompaña cuatro o seis damas y a cada una dellas cuarenta corazones. Éstas van más de ordinario en coche y sin más invención que una máscara margenada del mismo rostro, pero muy bizarras. Otras veces van a pie y entonces se goza mejor de su mucho entendimiento, porque llegándose a ellas se les puede decir lo que cada uno gustare, como sea honesto, a que ellas responden con agudeza.