Explore "Jeromín" by Luis Coloma on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cosa extraña es, por cierto, cómo un rey tan precavido y bien informado como Felipe II no previno, desde luego, las terribles consecuencias que pudo traer para España y para la cristiandad entera la rebelión de los moriscos de Granada en 1568. Y más de extrañar es todavía si se considera que las naciones todas, alarmadas desde un principio, no apartaban la vista de aquel rincón de las Alpujarras y precavíanse en pro o en contra, según convenía a sus intereses la derrota o el triunfo de los rebeldes. Triunfantes éstos, y abiertas las costas de Andalucía a los moros berberiscos y a los turcos, que los animaban y favorecían, hacíase muy realizable el acariciado sueño de Selim II de apoderarse de España, empresa no imposible por el formidable poder de los turcos en aquella época.
Hallábase la rebelión muy de antemano preparada; mas diose a luz de repente, como brotan de improviso las llamas, al más suave viento, en un montón de leña seca que desde mucho tiempo atrás tiene debajo rescoldo. Susurrábase en Granada que los moriscos de Albaicín andaban de concierto con los de la Vega y de las Alpujarras para invadir la ciudad y degollar a los cristianos viejos, y teníase por seguro que trataban con los reyes de Argel y de Túnez y los turcos de Selim para alzar sus banderas y entregarles el reino. Todo era, pues, en Granada sospecha, desconfianza, recelo: las casas cerradas, las tiendas solitarias, el comercio con los lugares vecinos interrumpido, las gentes temerosas y recatadas siempre, acogiéndose a cada paso a la Alhambra y a los templos, por ser lugares más fuertes.