Jeromín by Luis Coloma — Read

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Llegó Luis Quijada a Canilles muy abatido en una camilla de troncos de árboles, conducida por cuatro soldados que sin cesar se remudaban; lleváronle a su posada, pobre y desnuda, como de campaña, y en lugar enemigo, y allí acudieron los físicos de Don Juan para hacerle la cura. Devorábale la sed, pedía agua de continuo, y preocupábale más que todo lo que hubiese podido ser de Don Juan en el apurado trance en que le dejara. Llegó al cabo Juan de Soto, nuevo secretario de Don Juan, por haber muerto el buen Juan Quiroga meses antes en Granada. Dijo que Don Juan había logrado ordenar la retirada de las tropas con hartas pérdidas, y recibido él tan furiosa pedrada en la rodela, que el guijarro quedó casi incrustado en el hierro: cosa maravillosa, pera no única ni extraña en el empuje de aquellos terribles honderos moriscos, que igual daño hacían de una pedrada que de un arcabuzazo.

Volvió Don Juan a Canilles, ya entrada la noche, con el brazo izquierdo algo desconcertado por el terrible rebote de la rodela al recibir la pedrada; fuese derecho a casa de Luis de Quijada y encerrose con los médicos. Declaráronle éstos mortal la herida del veterano, mas no veían aún la muerte al ojo, y sin esperanza de evitarla, creían, sin embargo, detenerla, al menos, por algunos días. Afligiose Don Juan profundamente, y acordose lo primero de doña Magdalena. Hallábase esta señora en Madrid, por tener más prontas y seguras nuevas de la guerra, y allí le mandó aquella misma noche Don Juan un correo con verdaderas y detalladas noticias de lo sucedido. Y como conocía el gran corazón y ánimo esforzado de la señora y no dudó un momento de que, una vez sabedora del suceso, volaría al punto al lado de su esposo, enviola también un itinerario escrito de su mano, marcándole los lugares más seguros por donde podía hacer aquel viaje, indudablemente temerario por la aspereza del camino, lo crudo de la estación, la edad misma de la señora, que alcanzaba ya los cincuenta años, y, sobre todo, por el peligro continuo de ser sorprendida y atacada por los monfíes moriscos desparramados por toda aquella parte del reino de Granada, que era entonces teatro de la guerra.

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