Explore "Navajazos y navajeros" by Luis Bonafoux Quintero on Textopian. Read with annotations and highlights.
La sangrienta aventura que ha corrido nuestro compatriota Ivón -que no sé cómo siendo español pudieron ponerle semejante nombre en la pila bautismal, ni cómo ha podido seguir llamándose así durante veinticinco o treinta años- probará una vez más a los incautos mancebos que París no es Madrid y que la place d'ltalie no es la puerta del Sol.
Como no hay gentes que se den peor fama que los españoles, resulta que nosotros mismos hemos circulado en París la burda especie de que por un quítame allá estas pajas empalmamos la navaja y le tiramos un viaje al mismísimo lucero del alba, y París cree -o creía, porque ya se va convenciendo de lo contrario- que somos unos matadores atroces. Luego viene un Ivón a darse un paseo por los bulevares, se corre hasta la place d'Italie, los apaches le dan quince navajazos y la policía se lo lleva al hospital para que le hagan la operación de la laparotomía. En una semana, en una sola, París da más navajazos que toda España, a pesar de lo cual continuamos con la fama de navajeros.