La música de la colina by Hector Hugh Munro

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Sylvia Seltoun bajó al comedor de su casa de Yessney para desayunar sintiendo por dentro una agradabilísima sensación de victoria similar a la que debió de permitirse Ironside en la batalla de Worcester. Aunque apenas podía decirse de ella que fuese una mujer de naturaleza belicosa, sí era cierto que pertenecía a esa clase de luchadores, por lo general los más exitosos de todos, que sólo se deciden a pelear cuando se ven obligados por las circunstancias. No en vano, si bien el destino le había deparado una vida llena de pequeñas batallas en las que solía partir con las de perder, siempre había acabado arreglándoselas para salir airosa de todas ellas. Y ahora, finalmente, podía considerarse una mujer feliz por haber sido capaz de resistir a la más dura e importante de todas sus batallas personales, una batalla cuyo desenlace, esta vez sí, le había resultado completamente favorable. Haberse casado con Mortimer Seltoun, o «Mortimer el Muerto», como le llamaban sus más feroces enemigos, a pesar de tener a toda su familia política en contra y a pesar de la indiferencia natural que parecía sentir su marido hacia la inmensa mayoría de las mujeres, era un logro que había requerido de toda su resolución y habilidad para su consecución. Y había tenido que esperar hasta justo el día anterior para poder decir que había llevado aquella victoria a su punto culminante, pues fue el día en que decidió coger a su marido y llevárselo lejos de la ciudad y de todo lo que ésta llevaba consigo para «hacerle echar raíces», según su propia expresión, en aquella remota granja rodeada de bosques por todas partes en la que ambos tenían su casa de campo.

-Nunca conseguirás que Mortimer consienta en ir allí -le había dicho anteriormente su suegra en más de una ocasión. Ahora bien, si por casualidad lo logras aunque sea tan sólo una vez, estoy segura de que se quedará. Yessney produce sobre él un influjo casi tan poderoso como el de la ciudad. La diferencia está en que una puede llegar a entender qué es lo que le ata a la ciudad, pero, en cambio, por lo que a Yessney se refiere… -la mujer no continuó. Se limitó a encogerse de hombros.

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