Explore "El fistol del diablo" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
Don Francisco durmió profundamente hasta cerca de medio día; a esa hora despertó, bostezando todavía tomó una novela de Pablo Kock, y arrullado con la lectura, volvió a dormitar. Hizo por fin un esfuerzo para levantarse, se lavó, se perfumó, pidió el almuerzo, y después de llenar el estómago con un par de agachonas, una tortilla de huevos a la francesa, un buen plato de frijoles y una botella de cerveza, salió a la calle, y se dirigió a dar una vuelta por la casa de Aurora. Todo estaba en su estado ordinario: las tiendas abiertas; los operarios trabajando; los vecinos y vecinas en los balcones; ninguna señal de la catástrofe de la noche anterior. Don Francisco contempló con una especie de terror el lugar donde había caído de la escalera, echando una mirada al balcón de la recámara, notó que la puerta estaba entrecerrada.
-Vamos -dijo-, la chica está reponiéndose de la desvelada de anoche -y satisfecho con sus observaciones, se dirigió al café del Progreso, a echar unas treguas de billar, hasta la hora del paseo. Aurora no se había levantado, porque amaneció con un resfrío, se llamó al médico, que ordenó una bebida calmante y que quedase en la cama.