Los bandidos de Río Frío by Manuel Payno — Read

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De los dos pasajeros y tripulación de la trajinera, las dos mujeres, con sus jaulas de pájaros, habían pasado del sueño tranquilo que dormían al sueño eterno de la muerte, hundiéndose con la canoa. El más borracho de los remeros nadó, haciendo un esfuerzo supremo; pero en vez de tomar la derecha del canal, se dirigió a la izquierda y la corriente se lo llevó; el otro remero, con la muchacha sirvienta, sin saber cómo, ya tocando el fondo con los pies, unas veces, y otras dando brazadas con desesperación, fueron a dar a un tular cercano que formaba un islote. Cecilia, que era, además de esforzada, buena nadadora, habría podido llegar también al islote desde donde le gritaban ansiosamente el remero y su criada; pero generosa y buena, no quiso abandonar al licenciado Lamparilla. Los dos transidos de frío, mientras más esfuerzos hacían apoyando sus pies en el fondo fangoso, más se iban sumiendo, y línea a línea, minuto a minuto subía el agua a sus labios, de modo que tenían que cerrar fuertemente la boca y taparse con una mano las narices para no tragar las ondas suaves y plateadas que levantaba en el lago el viento de la montaña. Evaristo únicamente estaba en un cimiento sólido y con toda la cabeza fuera del agua; pero acobardado y aturdido porque, por un fenómeno que debe repetirse entre los criminales, en esos momentos veía flotando entre las corrientes el cadáver de Tules, que se le acercaba para hundirlo en las aguas. Desde el día del asesinato, era la primera vez que le había venido a la mente el recuerdo de su crimen.

Hacía nada más media hora que se había hundido la canoa, y parecía un siglo de agonía a los desventurados náufragos. Cecilia, con calambres en las piernas, apenas podía sostenerse, y estaba ya resignada y decidida a hundirse; pero, cosa extraña, en lances semejantes, hacía esfuerzos enérgicos más por sus compañeros de desastre que por ella misma. Mas esa peligrosa escena debía tener un fin; la corriente era cada vez más fuerte y el viento frío entumecía sus miembros.

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