Explore "Los bandidos de Río Frío" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
La diligencia extraordinaria que conducía a Bedolla y a su secretario Lamparilla llegó felizmente a la garita y siguió muy despacio por las calles para no llamar la atención. La escolta se quedó atrás y entró después por otra garita. La conducta había, en efecto, salido el día anterior, y el público no se alarmó, porque frecuentemente pasaban tropas de ida o de vuelta a Veracruz, que no se metían para nada con los bandidos y a la que Evaristo, por supuesto, dejaba el paso franco, ocultándose cuando tenía oportuno aviso de sus espías, o fingiéndose caminante pacífico.
Luego que los licenciados Bedolla y Lamparilla se quitaron el polvo del camino y tomaron algún refrigerio en su cuarto, salieron a la calle y se dirigieron a casa de un rico comerciante extranjero que tenía mucha amistad e influjo con el gobernador, y lo instruyeron del motivo de su viaje, añadiendo que el presidente estaba muy indignado, resuelto a hacer una campaña sobre Puebla, y que se disponía una columna de cuatro mil hombres y veinte piezas de artillería, que se pondrían en marcha si en el término de tres días no regresaba él a dar buenas cuentas de su misión; que por el interés del comercio y de la paz pública lo conjuraba a que fuese inmediatamente a prevenir en reserva al gobernador, imponiéndolo del peligro que corría el Estado y pidiéndole una conferencia.