Los bandidos de Río Frío by Manuel Payno — Read

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-¡Está salvada! ¡Bendito sea Dios! -dijo la vieja. Comodina está defendiendo a la criatura -y se acercó con más resolución al grupo de perros. -¡Comodina, Comodina! Ven acá ¿No me reconoces?

La perra, sentada, cubriendo con su cuerpo al niño abandonado, tenía los ojos todavía sangrientos y, con el labio superior levantado, enseñaba sus afilados colmillos a los demás perros. Tanto gritó Nastasita a la perra, que ésta volvió la vista, la reconoció, comenzó a mover la cola y a hacerle fiesta. Animada con este auxilio, acertó a encontrar cerca unos trozos de ladrillo que lanzó a los canes, y con el palo acabó de dispersarlos; entonces se acercó y recogió a un hermoso niño de más de un año de edad y envuelto en pañales muy finos. La criatura, como si tuviese ya el uso de su razón, como si hubiese sabido el peligro que corrió y el servicio que la buena vieja le había prestado, contuvo su llanto, dirigió su mirada de ángel a su salvadora, que ya lo tenía en brazos, y llevó las manecitas afiladas y tiernas con que había querido defenderse de las fieras a la cara de Nastasita, como queriéndola recompensar con un cariño.

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