Los bandidos de Río Frío by Manuel Payno — Read

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De por fuerza tiene el paciente lector que trabar amistad con algunos de nuestros personajes, que no han sido inventados, sino de carne y hueso. Los unos han desaparecido ya de la eterna comedia humana, los otros han envejecido, y el resto, aunque corto, quizá anda por esas calles cubiertas de lodo y de agua en la estación de las lluvias, con su pantalón remangado y su sombrero forrado con un pañuelo de cuadros a falta de paraguas. Los personajes de importancia y calificados de gente decente, los presentaremos al lector, y a los de baja ralea los dejaremos un poco aparte, aunque haciendo conocer sus antecedentes, o al menos, los rasgos más notables de su vida. A esta última categoría pertenece Evaristo el Tornero, a quien fue entregado casi como esclavo el noble hijo del conde del Sauz, salvado de la muerte por la terrible perra Comodina y por la débilísima y desvalida viejecita trapera, acreditada, conocida y apreciada en la importante colonia de la viña.

Evaristo era hijo único de un guarda de la aduana de México, y este guarda, llamado Evaristo Lecuona, era un personaje de importancia, porque cuidaba los caballos del Director de Rentas y lo acompañaba en sus diarios paseos. Cuando el director salía de las garitas y dejaba ir al tranco a su grande caballo colorado por las calzadas, generalmente, solas, Lecuona se acercaba y se entablaba una conversación familiar entre los dos, y por este medio sabía el director la conducta de todos los individuos del Resguardo y aun la de muchos de los empleados. Por los respetos del director, un carpintero y tornero al mismo tiempo, recibió al muchacho, y aunque fue entregado por su padre como todos los aprendices es necesario que lo sean, no fue sino con ciertas condiciones que impuso su padre, que lo llevó personalmente.

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