Explore "Los bandidos de Río Frío" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los criados, que desde que entran a una casa procuran averiguar cuanto pasa y la vida y milagros de sus amos, amigos y conocidos, nos han dado algunas noticias de la familia del licenciado don Pedro Martín de Olañeta; pero como este personaje tendrá que figurar en los acontecimientos que aún nos falta narrar, supliremos lo que acaso no pudieron decir ya, porque no lo sabían o por la justa alarma en que entraron con la lectura del párrafo del periódico.
Así como las casas feudales, o más bien dicho palacios del conde del Sauz, del marqués de Guardiola, de los condes de Santiago, del marqués de Moncada y otros, representaban el tipo de la arquitectura feudal española en los siglos XVII y XVIII así don Pedro Martín de Olañeta era la representación viva de los hombres que figuraron en la época de transición que convirtió repentinamente el virreinato en imperio y poco después en república federal. Olañeta rayaba en los sesenta; pero su vida arreglada y uniforme le había conservado el vigor y la salud. Alto, derecho, todavía en buenas carnes, con pocas canas y su dentadura, aunque descuidada, completa y fuerte, a primera vista no se le darían cincuenta años cumplidos. Ojos profundos, oscuros y pequeños, la ceja casi junta, la boca grande y franca, la nariz a la romana con algo de exageración, sin bigote y con unas patillas oscuras que terminaban cortadas a línea en el extremo de los carrillos, su fisonomía adusta y grave era poco simpática a primera vista. Era el tipo del colegial antiguo que, después de doce años de estudios, había llegado a la magistratura.