Explore "El doncel de don Enrique el doliente" by Mariano José de Larra on Textopian. Read with annotations and highlights.
En Castilla está un castillo / Que se llama Rocafrida: / Tanto relumbra de noche / Como el sol a mediodía. / Rom. de Montesinos.
Existe a cinco leguas de Jaén una población pequeña ahora, y pequeña en los tiempos a que se refiere nuestra narración, que tiene por nombre Arjonilla, ora por haber sido fundación de algunos habitantes salidos de Arjona, ora por su inmediación a ésta o por las relaciones que con ella pudo tener en lo antiguo. Pertenecía esta villa al maestrazgo de Calatrava, y era una de las primeras que se habían declarado por don Enrique de Villena, a causa de la influencia que le daban a éste en aquel punto varias posesiones que en su territorio tenía. En el siglo XV presentaba el aspecto que aún en el día suelen presentar muchos pueblos de nuestra patria. Algunas casas que, mas que viviendas de hombres, parecían cuevas de animales, esparcidas aquí y allí, formaban irregulares callejones. No era, sin embargo, tan pequeña su importancia que tuviesen que acudir sus habitantes a algún pueblo vecino de mayor cuantía para cumplir con sus deberes espirituales. Poseía una iglesia parroquial, no muy grande en verdad, pero que no dejaba por eso de bastar para su reducido vecindario, y que se hallaba bajo la protección y advocación de Santa Catalina. En el día será todo lo más si puede traslucirse su antigua grandeza en los restos míseros que la constituyen en la humilde jerarquía de ermita; pero en el reinado de Enrique III, nos dice Jimena en sus anales eclesiásticos de Jaén, no sólo era la iglesia parroquial, sino que era una obra moderna que no tenía más fecha que los años que hacía que había sido reconquistado aquel país a los moros.