Read "Amores" by Ovid online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
¿Creeré en la existencia de los dioses? Se burló de la fe jurada, y su rostro permanece tan hermoso como antes; tan largos como eran sus cabellos antes del perjurio lo son después de haber engañado a los númenes. Ayer las rosas purpúreas se fundían en la blancura de su tez, y hoy el rubor la colorea con más rojos matices; su pie era diminuto, y aun conserva su lindísima forma; alta fué y graciosa, y alta y graciosa sigue siendo; tenía unos ojos provocado res, y todavía resplandecen como estrellas los ojos con que me burló tan a menudo su perfidia. ¿Será que los dioses permiten eternamente a las muchachas los falsos juramentos, o que la hermosura es otra especie de divinidad? Recuerdo que ella juró poco ha por sus ojos y los míos, y sólo los míos han llorado. Decidme, dioses, si ella os burla impunemente, ¿por qué sobrellevo el castigo que otra merece? ¿No os declarasteis sin reparo contra la virgen Cefea, condenándola a muerte por el orgullo que sintió su madre viéndola tan hermosa? ¿No bastó que fueseis para mí testigos sin crédito, y que ella, incólume, se riera de mí y de los dioses? ¿Se redimirá del perjurio con mi pena y, sobre engañado, seré además víctima de la engañadora? O el nombre de dios no tiene realidad y se le teme sin razón por la necia credulidad de los pueblos, o si existe un dios se declara amante de las tiernas doncellas y les permite atreverse a crueles iniquidades.
Empuña Marte contra nosotros la mortífera espada, y con invencible diestra Palas nos asesta su lanza; en nuestro daño se encorva el arco flexible de Apolo, y el potente brazo de Jove fulmina sobre nuestras cabezas el rayo; pero los dioses, aun agraviados, evitan ofender a la hermosura y hasta temen a las que desafían su cólera. ¿Y hay quien se afane por quemar el piadoso incienso en las aras? Es indudable que los hombres debían alardear de ánimo más esforzado. Júpiter, que lanza sus rayos sobre los bosques y las fortalezas, prohíbe a sus dardos de fuego que hieran a las perjuras. Muchas merecieron el castigo, y sólo abrasó a la desventurada Semele, sólo ésta arrostró la pena de su excesiva complacencia. Si se hubiese substraído a los obsequios del amante, no habría llevado el padre la carga de Baco que correspondía a la madre. Mas ¿a qué me lamento y revuelvo airado contra el cielo? Los dioses también tienen ojos, los dioses también tienen corazón, y si yo fuese un dios consentiría, sin darme por ofendido, que la mujer con sus embelecos engañase mi divinidad; yo mismo ¿firmaría con juramentos que las doncellas no juraban en falso, y no dirían de mí que fuese un dios adusto; sin embargo, acostúmbrate a usar de su clemencia con moderación, o por lo menos, joven, ten piedad de mis ojos.