Amores by Ovid

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Rígido esposo que Pusiste un guardián a tu juvenil compañera, son inútiles tus precauciones: la mujer se defiende con su propia virtud. Aquella es casta que no lo es por miedo, y la que no peca por falta de ocasión, es como si pecara. Si tu vigilancia preserva el cuerpo, su mente se goza en el adulterio, y nadie alcanza a vigilar a la qué rechaza los guardianes. Aunque asegures bien los cerrojos, no aprisionarás el pensamiento, y después de despedir a todos, el adúltero se quedará dentro de casa. El que puede faltar sin miedo, falta menos, y sus apetitos languidecen por la misma libertad que goza. óyeme, cesa de irritar el vicio con la persecución; lo vencerás más fácilmente con una obsequiosa complacencia. Yo vi poco ha galopar tan presto como el rayo un corcel indómito, que se revolvía contra el freno, y detenerse de súbito así que cesó la opresión y sintió flojas las riendas sobre las espesas crines. Apetecemos siempre lo vedadlo y deseamos lo que se nos niega, como el enfermo ansía el agua que se le prohíbe. Argos tenía cien ojos en la frente y otros cien en la cabeza, y el amor, siendo solo, le engañó cuando quiso.

Dánae fue enterrada virgen en la torre infranqueable de hierro y piedra, y allí se convirtió en madre; y Penélope permaneció inmaculada entre sus jóvenes pretendientes, y eso que no la defendía ningún guarda.

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