Amores by Ovid

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Si la madre de Memnón, si la madre de Aquiles lloraron la muerte de sus hijos; si los mismos dioses sienten los golpes de un destino cruel, tú también, lastimera Elegía, desata los trenzados cabellos, y así merecerás, con razón el nombre que llevas. El vate que te cultivó tan solícito, que constituía tu gloria, Tibulo, al fin es un cuerpo exánime que consumen las llamas de la pira. Contempla al hijo de Venus cómo lleva la aljaba invertida, rotos los arcos y extintas las antorchas; mírale avanzar, digno de lástima, con las alas caídas, y de qué modo se golpea el pecho con los crispados puños; sus cabellos, esparcidos por la cara, se bañan de lágrimas, y su boca prorrumpe en violentos sollozos.

Así, marchando a los funerales de su hermano Eneas, se dice, ¡oh hermoso Julo!, que salió de tu palacio. La desolación de Venus por la muerte de Tibulo no fué menos intensa que la sentida cuando un feroz jabalí destrozó el pecho de Adonis. Se nos llama a los vates seres sagrados y favoritos. de los dioses, y hay quienes piensan que alentamos con un numen divino; pero la muerte intempestiva profana todo lo sagrado y pone por igual en todos las invisibles manos. ¿De qué le sirvieron su padre y su madre a Orfeo de Ismara, y haber dominado con sus cantos las feroces alimañas? Lino, que tuvo el mismo padre, Lino fué llorado a los acordes de la lira en el fondo de las selvas. No olvides al cantor de Meonia, fuente perenne que brinda raudales de inagotable inspiración a los labios de los poetas; llególe su última hora y se hundió en el tenebroso Averno, Sólo los cantos se libran del rigor de las llamas; la obra del vate es imperecedera. Vive eterna la fama del sitio de Troya, y la de la tela interminable que la astuta Penélope destejía por la noche. Así Némesis y Delia alcanzarán un nombre inmortal: su cuita reciente la una, la otra su primer amor. ¿De qué os sirven los sacrificios? ¿Qué os aprovechan ahora los sistros de Egipto, y el haberos abstenido de admitir a nadie en el lecho? Cuando el destino fatal nos arrebata a los buenos, perdonad la blasfemia, llego a creer que no existen los dioses. Vive, piadoso, morirás; frecuenta devoto los altares, la muerte implacable te arrancará del templo para hundirte en la tumba. Confía en tus excelentes versos; mirad cómo yace Tibulo: de su grandeza apenas ,quedan los restos que caben en la urna cineraria.

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