Read "Amores" by Ovid online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Cipasis, tan entendida en dar mil formas a una cabellera, que merecías dirigir el tocador de las diosas, yo te conocí no menos versada en los hurtos deliciosos que dispuesta a servir a tu señora, y más dispuesta a condescender a mis ruegos. ¿Qué indicio dejamos escapar de la unión de nuestros cuerpos? ¿Cómo Corina sospechó tus noches placenteras? ¿Acaso me delató el rubor o se me escapó cualquier palabra indiscreta que denunciase nuestros ocultos deleites? Pues qué, ¿no sostuve que si alguien quería holgarse con una sirvienta era sin duda porque había perdido el seso? El héroe de Tesalia se inflamó por la cautiva Briseida, y una sacerdotisa de Febo vióse amada por el rey de Micenas. Yo no soy más grande que el nieto de Tántalo o el invencible Aquiles; lo que pudo convenir a los reyes, ¿será en mí un estigma de vergüenza? No obstante, cuando ella fijó en ti sus ojos hechos brasas, observé que toda la sangre se agolpaba a tus mejillas. Si por ventura te acuerdas, ¡cuánta mayor fue mi serenidad, cómo juré Poniendo por testigo el numen potente de Venus! ¡Oh diosa!, te conjuro que ordenes al templado Noto arrastrar a las olas del Cárpato el perjurio de mi ánimo sencillo! En pago del servicio, morena Cipasis, concédeme el dulce premio de estrecharte hoy en mis brazos. Ingrata, ¿rehusas y finges nuevos temores? Bastante es haber merecido la protección de uno de tus amos. Si te niegas, ¡insensata!, revelaré lo que ha pasado entre nosotros, y seré yo mismo el descubridor de mi falta: sí, Cipasis; contaré a tu señora en qué lugar y cuántas veces nos encontramos y la variedad que supimos dar a nuestros deleites.