Read "Amores" by Ovid online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Si alguno considera cosa torpe el servir a una bella, quedaré a su juicio convicto de esa vergüenza; mas no me importa el dictado de infame, siempre que me trate con menos crueldad la diosa que reverencian Pafos y Citera batida por las olas. Ojalá sea benigna la señora que me reduzca a la servidumbre, puesto que forzosamente he de perder la libertad por una hermosa. La belleza engendra el orgullo; Corina se enorgullece de su cara. ¡Desgraciado de mí!, ¿porqué se conoce ella tan bien? ¡Claro!, su arrogancia crece al contemplarse en el espejo, y nunca se mira en él hasta después de componerse a la perfección. Aunque la beldad te da sobre todos un absoluto señorío, y por ende ha conseguido fascinarme, no creas que te es lícito el desprecio comparándome contigo: lo inferior suele unirse a lo grande. Se dice que la ninfa Calipso, enamorada de un mortal, le detuvo a la fuerza en su isla; se sabe que una Nereida tuvo tratos íntimos con el rey de Pthia, y Egeria con el justo Numa, y Venus con Vulcano, que al dejar el yunque presentábase a su vista tiznado y tambaleándose con el pie cojitranco.
Esta misma combinación métrica es desigual y el verso heroico se enlaza perfectamente con el segundo más corto. Así, pues, luz de mi vida, recíbeme afable con las condiciones que te plazca imponerme; pero díctame tus leyes tendida en el lecho. Nunca me convertiré en tu acusador, ni vengaré tus desvíos, y no tendremos motivos para renegar de nuestro mutuo afecto. Valgan para ti mis felices versos por una gran renta; son muchas las que quisieran que las nombrase en ellos. Sé de una que en todas partes pretende pasar por Corina; ¿qué no daría a trueque de serlo? Mas ni se deslizan por el mismo cauce el frío Eurotas y el Po sombreado de álamos, ni otra ninguna será como tú cantada en mis libros.