Explore "Tropa vieja" by Francisco Luis Urquizo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Nos detuvimos todos los fugitivos en una hacienda que se llama Nazareno. En la casa grande se hizo el cuartel.
Al pie de un montecito, cerca del caserío, con mi marrazo hice un hoyo hondo y allí enterramos a la criatura, a aquel Juanito que habíamos bautizado en el cuartel de Monterrey. Mi comadre lo acostó en el fondo con mucho cuidado, como si estuviera dormido y no quisiera espantarle el último sueño. Lo arropamos con la tierra, muy despacio al principio, como para no hacerle daño; después, con furia, con mucha tierra apisonada, para que no pudieran escarbar los coyotes y se fueran a comer aquellos despojos. Encima de la sepultura del angelito le pusimos una cruz de ramas frescas de mezquite, unas gobernadoras y las pocas flores amarillas que allí encontramos.