Explore "Prefacio" by Rafael Barrett on Textopian. Read with annotations and highlights.
Decía Rodó recientemente: «En nuestro tiempo, aun aquellos que no somos socialistas, ni anarquistas, ni nada de eso, en la esfera de la acción ni en la de la doctrina, llevamos dentro del alma un fondo, más o menos consciente, de protesta, de descontento, de "inadaptación", contra la injusticia brutal, contra tanta hipócrita mentira, contra tanta vulgaridad entronizada y odiosa, como tiene entretejidas en su urdimbre este orden social transmitido al siglo que comienza por el siglo del advenimiento burgués y de la democracia utilitaria».
Este sentimiento de inadaptación es inseparable de la vida. Aquel axioma, integrado al viejo concepto evolutivo, de que «la vida se adapta al medio» está desapareciendo de las ciencias biológicas. Quizá signifique algo para los organismos inferiores, condenados al automatismo invariable y después a la lenta extinción final, mas para el organismo superior (mamífero, ave), en plena elasticidad matriz, la fórmula exacta es que la vida, lejos de adaptarse, se rebela contra el medio físico, y le obliga a que se adapte a ella. Baste citar el ejemplo clásico de la temperatura de la sangre en los vertederos modernos, mucho más elevada que la temperatura media del agua y de la atmósfera. El hombre ha conseguido además calentar el aire que le rodea y hacer habitables los climas menos propicios. He aquí episodios de rebeldía y de inadaptación. Adaptarse al presente es renunciar al futuro. Y si pensamos en el medio social, comprendemos que el mecanismo del progreso ha sido análogo, y que es la capacidad extraordinaria que tuvieron ciertos espíritus de inadaptarse a su ambiente y de mantenerse contra él, oponiendo a la realidad exterior una realidad interior y profética, lo que ha hecho marchar al mundo. Todas las utopías: supresión de la esclavitud, de la gleba, de la autoridad eclesiástica, de los privilegios monárquicos y aristocráticos, han ido tomando cuerpo sucesivamente, después de haber tomado alma en los grandes precursores, y no hay cerebro cultivado que no se dé cuenta hoy de que la única verdadera es la utopía conservadora.