Explore "Angelina" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
A fin de semana recibí una carta de tía Pepa. En ella me decía que la enferma había sufrido un ataque horrible; que el doctor se mostraba muy alarmado e inquieto, y que la cosa iba mal, muy mal.
«Yo quiero que estés aquí, en caso de una desgracia, para que me acompañes y me ayudes. Juana hace cuanto puede. La pobre ya no sirve para cuidar a un enfermo, y la criada no tiene modo. ¡Qué falta me hace Angelina! Si estuviera aquí no seria tan grande mi inquietud. No por eso vengas; Sarmiento dice que vamos bien, que el peligro pasó ya, y que, Dios mediante, no hay que temer una desgracia, por ahora. Pero yo veo las cosas de otra manera: Carmen no puede durar mucho; eso no es vivir, y de día en día la veo más débil y caída. Antes comía muy bien, pero ahora me cuesta mucho trabajo conseguir que tome alguna cosa; un triunfo cuesta el que acepte las medicinas. Considérame: estoy muy acongojada, apenas duermo, y vivo en constante zozobra. Don Román vino a verme, y vino también tu amigo don Quintín. Es un joven muy bueno. Me preguntó si en algo podía serme útil y si necesitaba yo alguna cosa. Le dije que no, y le di las gracias.