Explore "Angelina" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Andrés vino a visitarme. Le invité a dar un paseo por las orillas del río, y entonces me declaró que mis tías estaban en la miseria. Para sostenerme en el colegio, sin que nada me faltara, habían hecho toda clase de sacrificios. Redujeron sus gastos a lo menos posible, y trabajaban del día a la noche, cosiendo, confeccionando pastas y conservas, y haciendo flores artificiales. En cierta época torcieron cigarrillos para «El Puerto de Vigo». Pero el mejor día enfermó tía Carmen. Una enfermedad, muy común en Villaverde a la entrada del verano, la postró en el lecho. Pasó la disentería, pero la pobre anciana quedó achacosa. Aunque aparentemente sana, estaba herida de incurable enfermedad. Al principio se presentó un síntoma que no acertaron a explicarse las buenas señoras:
Algo-decía la enferma-como hormigueo en la columna medular; algo que descendía, rápido como relámpago, hacia las extremidades inferiores. En ocasiones, vértigos que duraban un instante y que dejaban a la paciente cansada y sin fuerzas. Así durante algunos meses. Después no volvieron hormigueos ni vértigos, pero sobrevinieron convulsiones, muy fuertes en el brazo izquierdo, el cual, pasado el acceso, quedaba débil y entorpecido. Vino el doctor Sarmiento: recetó pomadas y bebidas tónicas; prescribió alimentos sanos y nutritivos, ejercicio moderado por la mañana y por la tarde, y durante las horas intermedias sosiego y reposo.