Explore "Angelina" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
De mi casa al despacho de Castro Pérez. Terminado el trabajo, a eso de las cinco, nada de tertulia en la botica, nada de oir tocar a la señorita Fernández. A mi casita, a mi pobre casita, que me parecía un alcázar. Si acaso, y eso de cuando en cuando, a visitar al dómine o a charlar con Andrés. Los domingos, de vuelta de misa, a conversar con las tías y con Angelina, a leer, a escribir.
Por la tarde al patio. La doncella y yo regábamos las plantas, y luego nos instalábamos al pie del naranjo. Cortábamos violetas y rosas, y nos entreteníamos en hacer ramilletes, empeñado cada uno en que el suyo fuese el mejor. Angelina solía tejer unas guirnaldas en que mezclaba los helechos de un modo maravilloso. Gran variedad hay de ellos en Villaverde, y en nuestro jardincillo crecían de los más lindos. Cerca de la fuente, en las piedras, y en los troncos viejos, se daban algunos que parecían plumas, cintas de seda, tiras de raso.